En la vida hay que hacer frente a los grandes retos pero sobre todo a los pequeños.

Hoy es uno de esos días en los que pensaba que el tiempo me iba a cundir mucho y sin embargo se me va escapando entre los dedos.

¿Por qué algunos días nos levantamos mucho más contentos que otros? Ayer fue un día genial: salí a correr, no después de mucho esfuerzo contra mi propia pereza, justo antes de llegar a casa me encontré a dos amigos que hacía tiempo que no veía y me hizo una ilusión tremenda, pensé “¡salir a correr hoy ha merecido la pena!”. Luego estuve trabajando en casa, fui a la UNED de Barbastro a trabajar…y me daba cuenta por el camino que el paisaje me parecía precioso, las luces, el cielo, incluso vi a los lados del camino detalles que nunca me habían llamado la atención, un castillo, unos árboles…Al salir de trabajar un compañero me dijo ¡qué sonriente sales! y la verdad es que no me había dado cuenta pero todo fluía y era eso lo que me daba alegría. ¡Ayer fue un día tan bueno que cuando llegué a las 21:30 de trabajar a casa, hice una tortilla de patata!

A lo que voy es: hay días en los que todo fluye y tu energía también, esos días no cuesta nada estar contento, apreciar las pequeñas cosas, etc. Hoy no es uno de esos días, hoy me he levantado con dolor de cabeza, y aunque estoy cumpliendo con las tareas apuntadas en la agenda, me gustaría estar empleando parte de mi tiempo en algo más importante laboralmente. Sin embargo, en la vida hay que hacer frente a los grandes retos pero sobre todo también a los pequeños ya que son los más frecuentes. Hoy mi reto es elegir mi actitud, estar atenta a las pequeñas y buenas cosas que pasen a lo largo del día porque en días así me cuesta más verlas, en dejar la pereza atrás y esforzarme por conseguir mis objetivos y sobre todo, en dejarme llevar y fluir con las circunstancias negativas en vez de maldecirlas. ¿Cuál es el tuyo?

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