Lo que criticas en los demás está en ti. Lo que no está en ti, no lo ves.

El sábado a las 9 de la mañana, en un paso de cebra  una mujer de unos 50 años,  se me acercó sigilosamente, me agarró del brazo y me dijo, “¿Me ayuda a cruzar?” Su tono de voz era bajito y su cara reflejaba miedo. Sin pensar le dije, “claro” y además fue entonces cuando me di cuenta de que ya la tenía agarrada a mí. Mientras cruzábamos le pregunté si se encontraba bien y me dijo que le daban mareos y que no se atrevía a cruzar sola. Una vez que estábamos las dos en la otra acera, me agradeció la ayuda y nos despedimos. Cuando iba caminando otra vez ensimismada en mis pensamientos me alegré de haber vivido esa situación. Me alegré porque en mí no estuvo presente el juicio, me salió de corazón el ayudarle pero no siempre es así…De hecho, conforme me alejaba pensé que si la juzgaba por su aspecto podía haber pensado que me pedía dinero o que me iba a hacer algo porque me agarró y se acercó mucho a mí. En otras épocas de mi vida hubiese sentido rechazo por tener a alguien dentro de mi zona de seguridad, es decir, el perímetro de espacio que necesitamos a nuestro al rededor para no sentirnos amenazados, pero esta vez fue diferente y estoy contenta por ello, por el NO JUICIO.

¿Eres consciente de cuantas veces juzgas al día? a ti sobre todo, somos nuestros más exigentes jueces, a tus familiares, a tus amigos, y lo más sorprendente, ¡a gente que no conoces de nada! Sí, fíjate bien y te darás cuenta de que en ocasiones, no pocas, cuando caminas por la calle vas haciendo juicios de valor de todo lo que ves, “esto me gusta, esto no me gusta”, “esa persona va bien vestida o mira que pintas lleva”, “este coche no me ha dejado pasar y el peatón tiene preferencia” y así podría poner muchos ejemplos más. Ahora vamos a ir un paso más allá: ¿Dónde pones tu foco de atención en cada uno de esos pensamientos? Piensa un poco antes de responder. Tu atención está puesta en los demás, en qué hacen ellos que a ti te gusta, en qué hacen mal y podrían hacer mejor para facilitarte la vida. ¿Y tú? ¿Qué puedes hacer tú para facilitarte la vida a los demás y por tanto facilitártela a ti mismo/a? Primero de todo … NO JUZGAR. Como me dijo un amigo ayer ” Lo que criticas en los otros está en ti. Lo que no está en ti, no lo ves”. Así que en vez de criticar mira dentro de ti a ver si hay algo de eso que puedes mejorar. Y segundo, pon la ATENCIÓN EN TI, en qué puedes hacer tú para facilitar el camino a los que te rodean, conocidos o desconocidos. Está en nuestra mano volver a recobrar el ayudarnos los unos a los otros, y no me refiero a actos heroicos sino a gestos sencillos como dejar sentar a alguien en el transporte público, dejar pasar al abrir una puerta o mover el coche cuando hayas puesto gasolina antes de pagar para que el siguiente coche no te tenga que esperar. En tu mano está.

“Sea egoísta: hable bien de sus enemigos”

En todos los escritorios, o corcheras, o paredes de despacho  desde el 2005, hay un recorte de periódico que siempre me acompaña. Es una entrevista que le hicieron a Benjamin Zander, director de la filarmónica de Boston. Hasta hoy no se me había ocurrido buscar su nombre en internet, ¡y eso que me encantó lo que transmitía en esa entrevista escrita! y resulta que además de un “genio musical” es un gran conferenciante, escritor, y, lo que para mí aún es más importante, es un GRAN MOTIVADOR.

Lo que primero me llamó la atención de esa entrevista, que os adjunto más abajo, fue el título: “Sea egoísta: hable bien de sus enemigos”, frase que va muy en la línea del post de la semana pasada. Y al leerla, no quedé defraudada. Tiene una capacidad de engrandecer el trabajo de los demás,  de motivar a su audiencia, sean músicos, alumnos o asistentes a una conferencia, de darte una lección de humildad y un nuevo propósito para tu día a día. ¿Cómo lo logra? Zander pone responsabilidad en lo que hace y parte de la premisa de que cada uno de nosotros puede dar lo mejor de sí mismo si él confía ciegamente en ello. A muchos de nosotros nos cuesta, hay gente que prefiere incluso partir de un juicio peyorativo y conforme va conociendo a la persona, ir mejorándolo. ¿No sería más fácil partir de un pensamiento neutro y dejarnos sorprender en vez de gastar energía en intentar corroborar que lo que pensamos es cierto? Encontraréis la respuesta en la entrevista. Espero que la disfrutéis tanto o más que yo.

Entrevista a Benjamin Zander

 

 

 

El rencor es el veneno que me tomo yo para que te mueras tú

Hace unos días tuve la suerte de asistir a una conferencia que daba Irene Villa titulada “Saber que se puede”. Las palabras se quedan cortas para describir como nos sentimos los oyentes. Todos sabemos la historia de Irene Villa, una víctima de ETA, no obstante, la historia que ella cuenta y quiere contar es muy diferente. Irene Villa es un ejemplo de superación, de ganas de vivir, de una lucha constante, de perseguir sus sueños a pesar de las dificultades que se le fueron presentando en el camino: asimilar haber sufrido un atentado, tener unas piernas nuevas, aprender a andar, infecciones posteriores que le despertaron el dolor del miembro fantasma, aprender a esquiar, presentarse a las olimpiadas paralímpicas y tener una caída que casi le cuesta la vida…y todo eso con una sonrisa que nunca pierde. Sin embargo, lo que más admiro de Irene Villa es su CAPACIDAD DE PERDÓN. En su corazón no hay espacio para el rencor y por tanto tampoco se transmite en sus palabras. Contó que cuando por fin su madre y ella estuvieron juntas, ya que les llevaron a hospitales diferentes y ambas estuvieron mucho tiempo ingresadas, su madre le dijo algo parecido a. “Hija mía, podemos vivir quejándonos todos los días por lo que nos ha pasado, o podemos empezar a vivir” y fue entonces cuando Irene le dijo a su madre “he nacido sin piernas y elijo empezar a vivir”.

Muchas veces pensamos que tenemos derecho a quejarnos, a guardar rencor a otras personas por lo que nos han hecho, a odiar…y sí, en ocasiones así es. Pero a pesar de ello, cuando vivimos en el rencor, a la única persona que hacemos daño es a nosotros mismos ya que el rencor es el veneno que me tomo yo para que mueras tú.  La RAE define “rencor” como: un resentimiento arraigado y tenaz; resentimiento como: la acción de resentirse, y resentirse como: empezar a flaquear, a debilitarse. ¿Es eso lo que quieres? ¿Empezar a debilitarte? Supongo que tu respuesta es NO y para eso tenemos que aprender a PERDONAR.

Perdonar según lo define la RAE, y según entiende la mayoría de la gente, es: 1. Dicho de quien ha sido perjudicado por ello: Remitir la deuda, ofensa, falta, delito u otra cosa. 2. Exceptuar a alguien de lo que comúnmente se hace con todos, o eximirle de la obligación que tiene. Por eso no nos gusta perdonar, porque pensamos que hay alguien responsable del daño que sentimos y no queremos eximirle de la culpa.

Ahora bien, ¿y si entendemos el perdón de una forma diferente?

Perdonar debe ser una decisión consciente que tomas porque el mayor beneficiario eres tú mismo, no la persona con quien estamos enfadados. Implica el hacerte responsable de tus actitudes, no esperar a que sea la otra persona la que de el paso,  y gestionar tus emociones y, una vez más, elegir cuál quieres tener. Si no es así, el rencor te secuestra y te hace prisionero. Por eso cuando perdonamos nos sentimos bien con nosotros mismos, porque es una liberación, como si cortáramos la cadena que nos hace arrastrar una bola pesada que nos impide avanzar. El perdonar tampoco significa que necesariamente tengas que arreglar la situación con esa persona, eso lo decides tú, el perdonar significa dejar espacio en tu corazón y sobre todo en tu cabeza para seguir adelante.

¿Qué eliges?

Qué hacer para no vivir con prisas

Parece que la mayoría de vosotros estáis de acuerdo en que “la prisa mata”, pero muchos no sabéis cómo hacer para ir más despacio, por ello he decido que hoy sea el primer post de varios que traten sobre cómo aprender a gestionar otra parte de nosotros. Creo que un aspecto importante que nos hace ir con prisas, es que en numerosas ocasiones generamos “expectativas distorsionadas” en relación a todo lo que nos rodea. Ejemplo: salimos de casa 30 minutos antes si creemos que vamos a tardar 30 minutos en llegar, pero para calcular el tiempo que nos va a costar, o mejor aún, que tenemos que invertir, muchas veces no metemos en la fórmula variables que sin duda van a influir en el resultado como:  el tráfico, el encontrar sitio para aparcar, el que quizás pueda haber una calle cortada, el que puede que no lleve gasolina suficiente y tendré que poner, etc. Por tanto, primero de todo… haz un buen análisis de la situación, ¡realista y valorando los imprevistos! Una vez hecho el análisis correcto, si no sale como esperas, tienes dos opciones: el sufrimiento o la aceptación. Cuando elegimos la ira, el enfado o el sufrimiento…(¿creéis de verdad que no lo elegimos? algunas veces no, pero la mayoría sí puedes elegir que actitud quieres tener), nos encontramos en un “secuestro emocional” que nos impide pensar con claridad, dónde nuestra mente está focalizada en el problema y por tanto no encontramos soluciones. Sin embargo, cuando somos capaces de darnos cuenta que podemos elegir nuestra actitud y ACEPTAMOS la situación, nuestra mente está abierta y receptiva lo que hace que la solución se vea con mayor claridad y rapidez. Y si esto no es así, por lo menos no estamos pasando un mal rato que hará que todo nuestro día se vea hipotecado por ello. Una tercera acción a tener en cuenta es tomarnos un tiempo para respirar y parar el “torbellino mental” en el que nos encontramos atrapados. Para ello os dejo un video muy ilustrativo que quizás alguno de vosotros ya ha visto. Espero que el post de hoy os sirva para ser todavía más CONSCIENTES de cómo hacéis las cosas, el primer paso hacia el cambio, y sobre todo que si os funciona, lo pongáis en práctica.

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